REGISTRO LINGÜISTICO
1.
Llamamos registro a las variedades lingüísticas diafásicas (que dependen del momento y el contexto comunicativo) y diástraticas (que dependen de la clase social y cultura de los hablantes).
Cuando nos expresamos, no lo hacemos siempre de la misma manera, sino que seleccionamos una "forma de hablar" que se adecue al contexto. Cuanto más culto es un hablante, más registros domina, y así podrá variar con facilidad de un registro familiar cuando está con sus amigas, a uno solemne cuando diga unas palabras en el entierro de un conocido, a uno cordial cuando se presente a una entrevista de trabajo, etc.
Sin embargo, un hablante inculto sólo dispondrá de un registro vulgar, o coloquial-bajo, de forma que no hallará forma de comunicarse en situaciones no familiares de una forma correcta, aunque trate de intentarlo
Lo mismo ocurre en la escritura. El escritor elige una determinada manera lingüística dependiendo de los intereses que le mueven: si quiere representar el habla de un barrio pobre, utilizará un registro vulgar pobre; pero sí lo que quiere es describir un bello paisaje de manera que sea estéticamente atractivo utilizará un registro literario o poético.
2.
Partimos de la base, que ya conocemos, de que la lengua es un código de comunicación compartido por todos los hablantes de una misma comunidad lingüística. Es decir: todos los habitantes de una comunidad lingüística cuentan con los rudimentos necesarios para poder comunicarse entre ellos.
Un español puede comunicarse con un argentino, porque los dos conocen el mismo código. Ahora bien, es evidente que si nos fijamos en cada uno de estos hablantes, se aprecian diversidades. No habla de la misma
forma el boliviano que el venezolano, aunque ambos hablen español. Tampoco utilizan de la misma manera ese idioma las personas que viven en el medio rural, que las que viven en una ciudad. Ni siquiera dos personas que viven en la misma casa hablan de la misma manera: seguramente el abuelo utilice unas
variedades lingüísticas diferentes de las del padre, y de las del nieto. Pero, es más, incluso una misma persona habla de manera muy diferente según en qué contexto se encuentre: no es lo mismo hablar con un amigo que con el director del colegio, o el jefe de la oficina.
La procedencia geográfica del hablante, su origen social y la situación comunicativa dan lugar a la aparición de tres tipos de variedades lingüísticas.
Las primeras son las variedades geográficas, también llamadas diatópicas. Son los dialectos. Estas son las más obvias, y en las que todos pensamos cuando hablamos de diferencias lingüísticas. Como ya decimos, no habla igual un español que un argentino, ni un argentino que un mexicano. A pesar de que todos ellos utilizan el mismo código y, sin ningún problema, podrían establecer una conversación entre ellos y entenderse perfectamente.
Las segundas son las variedades sociales o diastráticas. Son los llamados sociolectos, los cuales identifican a los hablantes como miembros de un determinado grupo social. Aquí se incluyen los grupos cuya forma de hablar identificamos con la lengua vulgar, o las diferentes jergas juveniles, o la forma de hablar de grupos sociales marginales, por ejemplo. De la misma manera, son sociolectos las variedades cultas, las utilizadas por doctores e investigadores universitarios en sus publicaciones, la jerga utilizada por los
médicos, o la que usan los abogados…
Las terceras son las variedades funcionales o diafásicas. Son los llamados registros lingüísticos. Estos registros aparecen en función de las características de la situación, o del contexto comunicativo en el que se encuentra el hablante. Por ejemplo, el registro coloquial lo utilizamos en situaciones informales, como
entre familiares o amigos. En otras situaciones más formales nos esforzamos en utilizar el idioma con toda la corrección de la que somos capaces, como cuando hablamos con alguien importante, o nos encontramos en una situación oficial, o damos un discurso. Tampoco le hablamos igual a un niño que a un anciano, a
un conocido que a un desconocido. Todo ello implica contextos comunicativos distintos, y para cada contexto buscados el registro más adecuado.
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